viernes, 25 de marzo de 2016

Mirame a los ojos

Si.  Ese fue mi pedido: mirame a los ojos y por un instante, decime la verdad. La suplica fue efectiva, la mirada quedo anclada en un silencio imborrable.
Una vez finalizada la escena: cerre la puerta y me puse a temblar. Me pregunto a qué le tengo miedo: creo que a mi misma. Me horroriza pensar en mi ceguera en estos dos últimos años. Qué les depara a mis hijos? Còmo sostenerlos en lo que se viene? Quièn es esta persona que tanto ame? Quièn soy yo?
En cada diàlogo, por más mínimo que sea, me encuentro con la falta, la carencia, el desprecio, la bronca.  Cómo es posible que haya sucedido esta mutación? Dónde estaba yo, para sembrar estos sentimientos hacia mi. De dónde sale esta arides, este desierto.
Todo cuanto ame, dice el libro de Siri Hustvedt.  No puedo ver ahora reflejado en él esas palabras. Me quedan las historias, los momentos y los sentidos transitados.  Me angustia pensarlo con otra, de no ser yo la que esté presente en esos recorridos, de esa piel. No es que lo quiera, es dificil enjaular esta contradicción. No deseo pero no soporto la idea.  Siento un vacio, una angustia al pensarlo.
Ese desprecio que siento, me genera una barrera difìcil de franquear. Cuàndo deje de ser la elegida? Alguna vez, lo fui? Y alli este miedo nuevamente.  Que se me presenta como certeza y pregunta.
Còmo es una vida sin mi? Sin esa, la que era. Còmo es la que soy ahora? Soy cáscara, cubertura. Me mueve solo la  acción cotidiana. Vivo el presente, no puedo ver el pretérito.  Soy los ritmos que los otros imponen.
Cuando regresaré a mi? Cómo será, ser?
Me agota pensarlo y no puedo dejar de hacerlo.  Nunca me asusto la incertidumbre pero quizás lo que puedo comprender ahora es  que no he entendido la complejidad de esta palabra.
Gracias por leerme

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